Uribe culmina gira, aún por verse resultados

0
296

Por CESAR GARCIA

BOGOTA — El presidente Alvaro Uribe culminó una gira por siete países de Sudamérica, un intento de aclarar dudas de sus colegas sobre los planes de Bogotá de permitir a Estados Unidos el uso de bases militares colombianas, pero aún está por verse si consiguió o no conjurar las tensiones entre los vecinos.

Tras críticas a la negociación con Washington expresadas por los presidentes, como el brasileño Luiz Inacio Lula da Silva, y de Chile, Michelle Bachelet, que han sido tradicionalmente cercanos a Bogotá, Uribe emprendió el martes un periplo que lo llevó en menos de 72 horas a Perú, Bolivia, Chile, Paraguay, Argentina, Uruguay y Brasil para entrevistarse con sus pares de esos países.

Ex cancilleres consultados por la AP coincidieron que si bien el balance general de la gira parece positivo porque sólo el mandatario de Bolivia, Evo Morales, se manifestó abiertamente contra la presencia estadounidense en la región, está aún por verse si los líderes sudamericanos tienen algún pronunciamiento regional concreto sobre el tema del uso de bases en la cumbre presidencial de la Unión Suramericana de Naciones (Unasur), a celebrarse el 10 de agosto en Quito.

«Esta gira, aunque un poco tardía, se tenía que hacer porque se estaba complicando mucho la cosa con nuestro vecindario», dijo Guillermo Fernández de Soto, ex ministro del Exterior de 1998 al 2002.

Era «absolutamente necesario que el presidente Uribe expresara a cada uno de los presidentes que visitó los puntos de su gobierno…(sobre) las razones que llevaron a Colombia a fortalecer las bases colombianas con la presencia norteamericana», indicó la ex canciller María Emma Mejía. Pero «si se hubiera hecho con tiempo, de pronto (quizá) hubiera sido menos a la defensiva…fue una visita tardía», agregó Mejía, quien ocupó la cartera de 1996 a 1998.

«Si se hubieran hecho las explicaciones correspondientes no se hubieran creado tan altas reacciones, principalmente en nuestros dos vecinos» Ecuador y Venezuela, aseguró Augusto Ramírez Ocampo, excanciller en los años 80.

Ecuador, con el que Colombia no tiene relaciones diplomáticas desde marzo del 2008, y Venezuela, mantienen que la presencia estadounidense en este país es un riesgo porque rompe el equilibrio de fuerzas en la región y, además, aseguran que Washington puede emprender acciones en su contra, lo que Estados Unidos ha negado.

«No hay magia, nada secreto debajo de la mesa» en las negociaciones, indicó durante una visita el 4 y 5 de agosto a Brasil el asesor de Seguridad Nacional del presidente Barack Obama, James Jones.

Pero surgidas esas críticas por parte de varios mandatarios, la gira era «necesaria. Hubiera sido más adecuado hacerla con mayor anticipación porque había argumentos muy claros para poder explicarle a sus colegas de Unasur… que (lo que) se está haciendo es simplemente la ampliación de la cooperación militar que desde hace más de 10 años se tiene con los Estados Unidos a partir del Plan Colombia», indicó Ramírez.

Dijo que precisamente por falta de información es que se habló en la región de instalación de bases y no que militares de Estados Unidos usen instalaciones ya existentes y aumentar la cooperación del Plan Colombia, o el paquete de ayuda de Washington a Bogotá y que desde el año 2000 y hasta ahora ha implicado desembolsos de más de 6.000 millones de dólares en equipos y asesoría para la lucha antidrogas y contra la subversión.

Aproximadamente, 600 miembros de las fuerzas armadas estadounidenses y contratistas civiles trabajan en Colombia, según las cifras más recientes disponibles. Los asesores están vinculados a las divisiones del ejército colombiano, tienen sus propias oficinas en el comando castrense y entrenan a cientos de tropas locales desde el año 2000.

Bajo leyes estadounidenses, el número de empleados del departamento de Defensa en Colombia no puede exceder los 800, mientras la cifra de contratistas militares sólo puede alcanzar los 600.

AP.