Reforma migratoria ya está sobre el tapete

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Por Paulo Castrillon

Komodolarevista.com

Tras diversas apariciones en público reafirmando su compromiso por alcanzar una reforma al sistema migratorio, el gobierno de Barack Obama inició el proceso con la realización de una reunión bipartidista para tratar el tema.

La participación de congresistas a favor y encontra de la idea, de ambos partidos polìticos, puede ser una señal de que la reforma es relevante para el congreso norteamericano. Ademas, el apremiante momento económico que vive Estados Unidos podría servir para que se piense en la conveniencia de incoporar a los trabajadores ilegales al sistema.

Aunque la población latina en Norteamérica es la de mayor crecimiento en los últimos años, su fuerza laboral y la lucha de muchos latinos por acceder a un mejor nivel de vida se dificulta porque el status de ilegalidad reduce su mercado laboral

Durante las audiencias programadas por el congreso norteamericano en abril pasado para promover la reforma migratoria Alan Greenspan, economista norteamericano que dirigió la reserva federal de los Estados Unidos por 29 años, liberal y promotor del modelo capitalista, explicó que el ingreso al sistema social de la ola de trabajadores indocumentados que residen en el país sería un gran alivio para dicho sistema y tal vez su tabla de salvación. De esta manera, uno de los grandes gurús de la economía mundial exponía un argumento económico sólido apoyando la aprobación de una reforma migratoria.

Para los intereses de los norteamericanos, la reforma es una urgencia. Datos del gobierno indican que en menos de diez años el sistema de seguridad social empezará a gastar más de lo que gana y que para antes de 2040 (en unos 30 años) el sistema, inevitablemente colapsaría de seguir como va. Como Greenspan, muchos personajes que gozan de alta credibilidad en la esfera económica e industrial opinan que es conveniente, además de justo, que las normas para el ingreso de extranjeros al mercado laboral norteamericano sean más comprensivas y realistas.

Con otros argumentos Bill Gates, de Microsoft, ha sido reiterativo en la conveniencia de ampliar el cupo para la contratación de trabajadores extranjeros en Estados Unidos, que es de 65 mil por año.

El caso de un ingeniero de la India trabajando para Google desde Canadá soporta los argumentos del creador de Microsoft. Mientras Gates lo ve como una oportunidad para atraer trabajadores altamente calificados, Greenspan agrega que este tipo de profesionales estarían en capacidad de adquirir muchos de los bienes (casas) que actualmente se encuentran en manos de los bancos e instituciones financieras porque sus dueños originales no pudieron seguir pagando las cuotas a las que se comprometieron.

Pero no todos piensan lo mismo. Importantes grupos de estudio y expertos como Jena Baker McNeill, analista de política Heritage Foundation, centro de investigación de ideología conservadora, dice que lejos de beneficiar la economía norteamericana, la legalización de los indocumentados que viven en Estados Unidos implica una carga insostenible para el sistema de seguridad social. Afirma que a pesar de que los inmigrantes aportarían dinero a la economía, estos, en promedio, son personas con bajo nivel de educación y pocas habilidades para desempeñar trabajos de alta remuneración, por lo que, según la analista, la contribución sería una mínima porción en materia de impuestos y en cambio, podrían involucrar familiares con derecho a demandar servicios de salud, educación y demas facilidades.

Para los opositores, el precio que hay que pagar por la entrada a la economía de los trabajadores ilegales es muy alto. Robert Rector, experto en el tema de inmigración del Heritage Foundation, y opositor de la legalización de indocumentados, argumenta que legalizar dichos trabajadores sería como premiar a quienes actualmente infringen las leyes norteamericanas al trabajar sin estar autorizados para ello. Quienes ven inconveniente la reforma afirman que cualquier tipo de amnistía a los ilegales indocumentados en Estados Unidos se convierte en un estímulo para que mas extranjeros ingresen al país y permanezcan en él de manera ilegal. La reforma tiene previsto el pago de multas para aquellos que quieran legalizar su permanencia en el país y el inicio de un proceso para buscar la ciudadania. Ademas, el control en el flujo futuro de inmigrantes y el reforzamiento en la zonas de frontera son pilares de la reforma y un puntos básicos para lograr el apoyo del congreso.

Lo cierto es que los latinos han dado suficientes muestras de que llegaron para quedarse. En las elecciones de 2004 que marcaron el segundo periodo presidencial de George W Bush, aproximadamente 7.5 millones de latinos acudieron a las urnas. En noviembre de 2008, en el triunfo del primer presidente negro de los Estados Unidos fueron 11 millones de latinos los que votaron, con apoyo mayoritario a Barack Obama. Analistas aseguran que el voto de esta población fue crucial para el triunfo de los demócratas.

La llegada y el establecimiento de los latinos a Norteamérica es, ante todo, una realidad irrefutable. La población latina es el grupo etnico de mayor crecimiento en Norteamérica. De acuerdo con el Pew Hispanic Center, reconocida organización que analiza la población latina, Estados Unidos es, actualmente, la casa de unos 46 millones de latinos y según las proyecciones del censo, para el año 2050, los latinos serán más del 25% de la población nacional.

La oportunidad de que este porcentaje de la población tenga igualdad de condiciones en cuanto a educación y seguridad social, dependerá en parte de la reforma al sistema migratorio estadounidense. La posibilidad de contar con una fuerza laboral amplia y diversa puede convertirse en una de las mayores fortalezas en el campo económico para Norteamerica. Al final de la reunión de los congresistas en la Casa Blanca el 25 de junio, el Senador republicano John McCain condicionó el apoyo a la reforma a ciertos puntos en materia laboral. El presidente Barack Obama por su parte, admitió que la propuesta carace de consenso. La tarea de seguir adelante con la estartegia está en las manos de Janet Napolitano, secretaria de Seguridad Nacional y encargada de liderar el grupo de gobierno que promueve la reforma.