Marihuaneros

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By lavoz.com.ar

Bogotá, 7 de noviembre de 2020. Escrita por Jaime Honorio González. @JaimeHonorio – Creo que se llamaba Music Factory, en la 82, un bar en la Zona Rosa de Bogotá, por allá en la década de los 90. Mi segundo año como reportero, dos amigos -uno fotógrafo y otro periodista- me iniciaron en eso de fumar marihuana. Recuerdo que en el carro -que parqueamos sobre un andén (en aquella época se parqueaba sobre los andenes), me dieron mi primer plon. No sentí nada raro. Segundo plonazo. Nada. Tercero, mmm, nada.

Entramos al bar. Esa noche estaba medio vacío y mis amigos ya disfrutaban un agradable estado de felicidad. Parecía una traba sabrosa. Creo que compramos unas cervezas y empezaron a reírse por las luces sicodélicas y a tratar de llevar el ritmo de la música gringa que allí ponían. Lo mío es la plancha.

El cuarto fue el definitivo. El mundo se me vino encima, las luces me encandilaron, me sentí mareado y el estómago se manifestó. No sé cómo llegué al baño, aunque por fortuna, todo fue falsa alarma.

Debieron verme terrible porque en medio de su traba, y de su risa sin parar, decidieron que lo mejor era llevarme a casa. Me fui dormido en la silla de atrás de una camioneta roja pero me despertó la sensación de ser observado muy de cerca. Entonces abrí los ojos y vi una jirafa que me miraba fijamente. Jamás olvidaré esos instantes de terror.

Como pude me senté y me di cuenta de que estaba en el costado sur del parque El Salitre, donde hace unos años había elefantes y jirafas de cemento para que los niños las escalaran, y las jirafas asomaban su cara por fuera de la reja del parque. El par de joyas subió la camioneta al andén y lo parquearon de tal forma que la jirafa quedó sobre el carro.

Algunas veces más la fumé pero hace mucho que no lo hago. En realidad es que me deja un insoportable dolor de cabeza. También por ese motivo he dejado atrás el trago social. El guayabo es eterno. Apenas fumo un cigarrillo de vez en cuando. Me estoy poniendo viejo.

Es una lástima que no se haya aprobado la legalización de la marihuana en Colombia. Como casi todo en la vida, el problema es el exceso, el extremo, la exageración. El que consuma marihuana todos los días pues es marihuanero y tendrá serios problemas, en el trabajo, en la familia, en la salud, en toda parte.

Ah, pero un momento, y el que consume alcohol todos los días, ¿no es alcohólico? Y el que consume azúcar en exceso, ¿no es diabético? Y el que fuma 10 o 20 cigarrillos diarios, ¿no muere de cáncer? Qué cosa si nos gusta ser maniqueos, ¿no?

El miércoles, de madrugada, el expresidente Uribe trinó al respecto: ”La marihuana recreativa escala a otras drogas, afecta las neuronas, el consumidor llega a estados de alienación, pierde el control para sus decisiones que es la pérdida de su libertad”. Miremos a ver:

La marihuana recreativa escala a otras drogas. Sí claro, es muy posible que así sea si la consume en exceso, a diario, si el jíbaro le ofrece algo más, si tiene problemas en la casa o si su pareja lo echa por -digamos- alcohólico.

Afecta las neuronas. Sí claro, igual que el tabaco, o el smog, o el exceso de trabajo, o el estrés, o el alcohol. ¿Han pensado cuántas neuronas afecta un trago de aguardiente? O una botella. O dos. Por ejemplo de Maguila, el aguardiente que engorila.

El consumidor llega a estados de alienación. Sí claro, igual que con el exceso de alcohol. O el exceso de tuiter. O el exceso de televisión. O el exceso de religión. Por citar algunos.

Pierde el control para sus decisiones que es la pérdida de su libertad. Sí claro, como los borrachos que conducen un carro, porque -insisto- el problema no es la marihuana o el alcohol o el azúcar, sino el abuso de su consumo.

Llegará el día en el que deba hablar del tema con mis hijos. Ustedes también. Cuando sean adultos, ¿debo prohibirles que tomen alcohol? ¿Que ingieran azúcar? ¿Que fumen cigarrillos? ¿Que consuman marihuana? ¿Y si les digo que alcohol y azúcar y cigarrillos sí pero que marihuana no? ¿Cuál es la razón seria para prohibirlo? Seria. Respondan la pregunta sin moralismos ni creencias personales. Porque a las nuevas generaciones es con argumentos, no con fuerza, lo cual me alegra profundamente.

Prepárense para ese momento. Porque seguro ellos tendrán datos y cifras sobre que demostrarán que el alcoholismo o la diabetes o el tabaquismo causan más muertes en el mundo que las causadas por la marihuana. Excepto, claro está, las producidas por la guerra que obliga la prohibición.

El cigarrillo ocasiona 14 diferentes tipos de cáncer, no solo los de pulmón o boca. Mata 7 millones de fumadores activos al año. Y un millón de pasivos (OMS).

El consumo nocivo del alcohol deja más de 3 millones de muertos al año, en su mayoría hombres (OMS).

Y ni hablar de la diabetes y otras terribles enfermedades, producto del exceso de azúcar, que dejan miles y miles de muertos en el mundo.

Claramente el cannabis intoxica pero es casi imposible un desenlace fatal por una excesiva dosis de marihuana. El exceso sí trae problemas, especialmente en los novatos, como a mí cuando lo de las jirafas. Mucha marihuana puede producir la pálida, temblores, resequedad en la boca, paranoia o sicosis. Y mucha hambre. Mi primera vez los padecí todos.

Yo no defiendo la marihuana. Ni siquiera me gusta su olor. Yo defiendo la posibilidad de que cada quién decida si se fuma un porro o no. Como actualmente cada quién decide si se toma un trago o no. O si le pone una o dos o tres cucharadas de azúcar a un jugo de papaya (lo he visto) o a una taza de café. O si le da un juguito de caja a su hijo. O si le da una coca cola.

Por eso deben legalizarla, para que haya expendios seguros, para que sólo la vendan a adultos, para dejar de gastarse la plata en la guerra contra los traficantes de marihuana y para que pague impuestos, muchísimos impuestos que podrían invertirse en salud pública. Como el alcohol, el azúcar o el cigarrillo (solo el cannabis medicinal podría dejar en impuesto de renta entre 1,2 y 3,5 billones de pesos).

Usted, que debe estar con los pelos de punta porque cómo así que legalizar la marihuana, le recuerdo que el alcohol es 114 veces más peligroso que el cannabis para su salud (Scientific Reports). Sin embargo, esta noche aguanta un whiskicito, ¿o no?

Mientras el mundo miraba expectante si ganaba Trump o Biden, Oregon, Nueva Jersey y Arizona legalizaron su consumo, sumándose a los 44 estados donde se puede usar de forma medicinal o recreativa.

Hace rato que allá la están produciendo. Y venden legalmente más de 10 mil millones de dólares anuales. En cambio, en Colombia, los indígenas -por ejemplo- reclaman el derecho a hacerlo pero las trabas (burocráticas) hacen casi imposible que puedan crear empresas para sembrar y exportar el cannabis.

Vamos a terminar importándola de Estados Unidos.

A veces, como país, damos risa. En serio. Como la de mis amigos la noche de las jirafas. Menos mal que ya las quitaron del parque.

 

Tomado del portal 2palabras.co