Jackson fue mucho más que el Rey del Pop

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Por NEKESA MUMBI MOODY

NUEVA YORK — Cuando Michael Jackson se autoproclamó «Rey del Pop» hace más de dos décadas, su pretencioso título causó resonancia: Sí, pudo haberse convertido en una sensación mundial con ventas récord de «Thriller». Y sí, pudo haber tenido una cadena de canciones en el primer lugar de popularidad, incluidas «Billie Jean» y «Beat It».

Pero, ¿el REY DE TODA LA MUSICA POP?

Desde luego, en una historia de música moderna que nos ha dado a Elvis Presley, los Beatles, Stevie Wonder y otros tantos grandes, el título habría sido algo exagerado.

Pero en realidad, Jackson subestimó su significado.

Mientras sus elaborados pasos de baile y sensual voz de soprano influyeron sobre generaciones de músicos, Jackson dio para mucho más que grandiosidad del pop, o rareza de los tabloides. Fue uno de los iconos más grandes del espectáculo, fue ridículamente talentoso, un genio lleno de problemas que no dejó de cautivarnos en sus mejores y en sus peores momentos.

En la cima de la fama, fue una de las figuras más queridas del mundo. Los jefes de estado querían conocerlo, leyendas del cine como Elizabeth Taylor fueron sus mejores amigos, y a nivel mundial la simple mención de su nombre podía llevar a la gente a «caminar sobre la luna» (paso de baile que popularizó), desde Los Angeles hasta Laos (el New York Times una vez lo describió como una de las seis personas más famosas del planeta).

Hablaba casi en susurros con una voz aguda que muchos imitaron, con su característico sombrero de fieltro, su delgada figura, su imagen de niño.

Influyó a artistas que van desde Justin Timberlake hasta Madonna, del rock al pop al R&B y hasta el rap, uniendo géneros y razas como ningún otro artista pudo. En 1983 cambió la historia de los videoclips con «Thriller», aún considerado por muchos el mejor de todos los tiempos. Y su guante de lentejuelas, medias blancas y chaquetas brillantes lo hicieron icono de la moda.

Casi todos querían estar relacionados con Michael Jackson. Su nivel de fama y adoración era asombroso.

Así que cuando su imagen empezó a deteriorarse y retorcerse, ese aspecto también rebasó los confines de la realidad. Sus múltiples cirugías plásticas y su enfermedad de vitiligo, que lo vieron transformarse de hombre negro masculino a figura rara, pálida, casi sin nariz, era ejemplo una rareza, de una mala cirugía.

Su comportamiento excéntrico dejaba a la gente confundida, y cuando las acusaciones (y posteriores cargos) de abuso sexual de menores emergieron en dos ocasiones distintas, muchos sintieron rechazo por el hombre en que su otrora ídolo se habría convertido.

Pero aún así era difícil hacerse la vista gorda.

En los primeros años, nadie quiso. El público conoció a Jackson como un preadolescente que no podía ser más adorable en 1969, un cantante increíblemente precoz al frente de la banda de su familia, los Jackson 5. Cantaba canciones como «I Want You Back» y «I’ll Be There» con una pasión y ternura difíciles de creer para su corta edad. Aun entonces, sus movimientos de baile, inspirados en artistas como James Brown y Jackie Wilson, eran exquisitos, y su presencia en el escenario opacaba a los veteranos.

El foco empezó a disminuir entrada su adolescencia, empero, y aunque siguió teniendo éxitos de R&B con los Jackson, pareció que nunca volvería a capturar el éxito pop que logró como un niño.

Entonces conoció a Quincy Jones, y el panorama musical cambió. Con el legendario productor, Jackson creó «Off the Wall», lo que para la mayoría de los artistas sería un álbum decisivo, que incluyó desde el clásico disco «Don’t Stop Til You Get Enough» hasta la balada «She’s Out of My Life».

El disco, un éxito de ventas, le mostró al mundo un Michael Jackson crecido con un arte maduro, una voz de alto-soprano y un trampolín para sus primeros videos, vistazo de la maestría dancística que estaba por venir.

Entonces, era la música de Jackson el plato principal. Un joven de 21 años que hablaba con un tono de voz alto, todavía vivía con sus padres, se había hecho una primera, casi imperceptible cirugía plástica en la nariz y era un autoproclamado virgen en una industria conocida por su hedonismo. Ciertamente era una figura extraña, pero su vida personal no se había entrelazado con su imagen pública.

Eso comenzó a cambiar durante «Thriller», el álbum que llegó a ser su mayor éxito, el mayor logro de su carrera. También producido por Jones, incluyó aún más canciones talentosamente escritas por Jackson. Vendió más de 50 millones de discos y se convirtió en el disco mejor vendido de todos los tiempos; siete de sus temas estuvieron entre los 10 más populares de Billboard, incluidos dos No. 1: «Billie Jean» y «Beat It». Ganó un número sin precedentes de Grammy, ocho, y otros numerosos premios.

Jackson rompió la barrera de razas en MTV, convirtiéndose en el primer artista negro incluido en la programación del canal orientado al rock cuando el éxito de «Billie Jean» y «Beat It» fue tan abrumador que no pudo ser ignorando. También estableció el punto de referencia para el modo en que debían hacerse los videos, con una cinematografía y coreografía impresionantemente precisas que recordaban a los grandes musicales del cine.

Pero mientras su fama ascendía, sus excentricidades, desde su rara afinidad con los niños y todo lo infantil, hasta su imagen a veces asexual y su fascinación con la cirugía plástica, comenzaron a quitarle brillo a su pulida imagen. Con el paso de los años esas «excentricidades» se tornarían más extrañas.

Su piel, una vez oscura, se tornó color de pasta, una transición que atribuyó al mal de vitiligo, aunque algunos pensaban que simplemente se blanqueó la piel para lucir más caucásico. Esa creencia se basó en sus frecuentes cirugías, que redujeron su ancha nariz a una que no podía ser más mínima. Su imagen era difícil de mirar, mucho menos de aceptar.

Y si las cirugías hicieron de él un ser perturbador a la vista, pronto las acusaciones de abuso de menores hicieron que muchos lo vilipendiaran. Primero fue acusado de abusar de un niño de 13 años en 1993. Nunca se formularon cargos, una demanda civil se resolvió fuera de la corte y él siempre mantuvo su inocencia.

Aunque tuvo un exitoso álbum con «HIStory» en 1995 y seguía siendo una superestrella, era una superestrella afectada que jamás se recuperaría.

Un cargo penal por supuestamente abusar de otro chico en 2004, que resultó en su absolución en el 2005, afectó aún más su imagen y su legado. Terminado el juicio se aisló, y aunque artistas populares desde Ne-Yo hasta Akon lo exhortaron a hacer nueva música, nunca lanzó un nuevo CD. Estaba abrumado con sus problemas legales y financieros, con lo que parecían demandas semanales por dinero que presuntamente debía.

Un regreso parecía improbable. Su reputación se consideró irreparable, su imagen fue objeto de burla y su nombre el remate de un chiste. Pero cuando anunció que haría una serie de conciertos en el afamado O2 de Londres, no sólo se vendieron todas las entradas de inmediato sino que la demanda fue tal que firmó para una cantidad sin precedentes de 50 espectáculos. Tenía previsto embarcarse en una gira mundial una vez terminara los conciertos en marzo.

Por supuesto, ahora no habrá un regreso, no habrá una reunión de los Jackson 5 ni nueva música que compartir con sus millones de seguidores. Pero el legado que deja es tan rico, tan profundo, que ningún escándalo puede tumbarlo. Se habrá ido, pero su encanto siempre estará presente.