Chile: división oficialista amenaza su continuidad en el poder

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Por EVA VERGARA

SANTIAGO DE CHILE — La presentación de dos candidatos distintos en los comicios presidenciales del 13 de diciembre amenazan la permanencia en el poder de la izquierda oficialista y acrecienta las posibilidades de que un derechista conquiste la presidencia.

La irrupción en la carrera electoral del diputado Marco Enríquez-Ominami, que en junio renunció al Partido Socialista para presentarse como candidato presidencial independiente restó votos al postulante oficialista, el ex presidente (1994-2000) y senador demócrata cristiano Eduardo Frei.

La división del caudal electoral de la izquierda le otorgan más opciones al representante único de la derecha, el millonario Sebastián Piñera.

El cuarto candidato es un ex ministro socialista, Jorge Arrate, apoyado por el Partido Comunista y otros grupos pequeños que obtiene entre el 5 y el 7% de preferencia entre los electores, según las encuestas.

Frei, un ingeniero de 67 años, y Piñera, un economista multimillonario de 59, son caras «viejas» en la política local, mientras Enríquez-Ominami, de 36, también ha sabido manipular el pasado de su padre a su favor.

El diputado es hijo del líder guerrillero Miguel Enríquez, uno de los fundadores del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, que ayudó a la debacle del gobierno de Salvador Allende al postular y practicar que el socialismo sólo es alcanzable mediante las armas. Murió en un enfrentamiento con agentes de la dictadura de Augusto Pinochet.

Enríquez-Ominami fue llevado al exilio por su madre cuando tenía tres meses. Se crió en París y allá agregó a su apellido el de su padrastro, el senador socialista Carlos Ominami.

El oficialismo le impidió participar en las pseudo primarias que se realizaron en una sola de las 15 regiones del país con dos aspirantes: Frei y el presidente de los radicales, el senador José Antonio Gómez, lo cual propició que Enríquez-Ominami se convirtiera en el protagonista de una ruptura interna.

Enríquez-Ominami, que no cuenta con ningún apoyo partidario, sino que con el de otros renunciados militantes socialista y de pequeños grupos izquierdistas, parece atraer las preferencias de los desencantados con la Concertación de Partidos por la Democracia, la coalición de cuatro colectividades de centro-izquierda que gobierna desde 1990, tras derrotar en las urnas al candidato de Pinochet.

Ni la alta popularidad de la presidenta Michelle Bachelet, cercana al 80%, ni todo el esfuerzo del gobierno por apoyar a Frei, han logrado que remonte en las encuestas, que incluso ponen en duda su paso a la segunda vuelta del 17 de enero.

Todos los sondeos coinciden en darle la mayoría a Piñera, aunque no la suficiente para evitar el balotaje. Ahora algunas encuestas difieren en quién pasará a la segunda vuelta: unas le dan el pase a Frei y otras a Enríquez-Ominami.

En el oficialismo ya surgió públicamente la preocupación por entablar negociaciones con la gente de Enríquez-Ominami para –sin importar quién pase al balotaje– evitar la llegada de la derecha al poder.

(AP)